Cuando una web va lenta, la conversación suele empezar por la herramienta equivocada: «instala un plugin de caché», «cambia de hosting», «ponle una CDN». A veces funciona. Casi nunca es el diagnóstico.
La velocidad es una cadena. Si el cuello está en una consulta de base de datos, comprimir imágenes no lo arregla. Si el problema es una fuente que bloquea el render, cambiar de servidor tampoco. Por eso la primera pregunta no es qué herramienta, sino quién tiene que mirar esto.
Estos son los cinco perfiles que intervienen, qué resuelve cada uno y cómo saber a cuál necesitas.